La estación lluviosa de este año inició y finalizó con dos eventos trágicos: 31 personas fallecieron en la Colonia Málaga debido a inundaciones provocadas por el desbordamiento del río Acelhuate y, al cierre de la estación, 2 niños que vivían en el tramo de la carretera al puerto de la Libertad perdieron sus vidas debido a problemas de deslizamientos de tierra que destruyeron sus viviendas. Entre estos dos eventos (de junio a octubre), las lluvias ocasionaron diversos problemas: cárcavas en muchas urbanizaciones, inundaciones en Garita Palmera, el bajo Lempa, Chilanguera, El Borbollón, la Laguna de El Espino y otros lugares del país, deslizamientos de tierra principalmente en carreteras, pérdidas de infraestructura como puentes y viviendas colapsadas, pérdidas de cosechas principalmente en granos básicos y en el parque cafetero, para mencionar algunos ejemplos.
A pesar de todos los daños ocasionados, muy poco se reflexiona en el país sobre las causas de estas tragedias y lo más probable es que el próximo año se volverán a repetir quizá con mayor severidad. Por todos es conocido que la vulnerabilidad ambiental, social y económica va en aumento y que los efectos del cambio climático global están cada vez más presentes en nuestra región. ¿Cómo reducir los desastres? Y ¿Qué modelo de desarrollo debemos adoptar como país? Son dos preguntas esenciales que se abordan en este artículo. Una de las dificultades de la comunidad científica para analizar el impacto de los fenómenos naturales (terremotos, ciclones tropicales, inundaciones, etc) y de origen antrópico (principalmente debidos a la contaminación) ha sido la de ponerse de acuerdo con definiciones básicas como las de Amenaza, Riesgo, Vulnerabilidad y Desastres. Las Naciones Unidas a través de la UNDROP (“Office of the United Nations Disaster Relief Co-Ordinator”) y la UNESCO proponen las siguientes definiciones para el idioma inglés:
Todas estas variables se relacionan por el modelo R = (E x H) x V que se explica de la siguiente manera: Si el riesgo (R) lo medimos como el número de personas fallecidas, E es la población que vive en un área expuesta a la amenaza (H) y V es la vulnerabilidad que depende del contexto social, político y económico de la población expuesta, entonces R = (E x H) x V = (Exposición Física) x Vulnerabilidad. De esta última ecuación se deduce que para reducir el riesgo, dado que es un producto de términos, podemos actuar en dos direcciones: 1) reducir la exposición física conocida como Prevención y, 2) reducir la Vulnerabilidad conocida como Mitigación. De aquí surgen las llamadas obras de prevención y mitigación de desastres.
Las Amenazas (H) debidas a fenómenos naturales (terremotos, erupciones volcánicas, sequías, inundaciones, tormentas, etc.) no las podemos reducir, por lo que la prevención se enfoca en conocer lo mejor posible estos fenómenos y en reducir la población expuesta a la amenaza, de ahí la importancia de la capacitación a la población en estos temas y la preparación ante desastres. La reducción de vulnerabilidad o mitigación usualmente atiende la vulnerabilidad física y consiste de medidas como la construcción de viviendas sismorresistentes, muros de contención para evitar deslizamientos, obras de mitigación para evitar inundaciones (control de torrentes, gabiones, disipadores de energía, acequias de infiltración, reforestación), etc.
Atender la vulnerabilidad física no es suficiente y los otros factores de vulnerabilidad hay que abordarlos desde el modelo de desarrollo que sigamos como país. Algunos de estos factores de vulnerabilidad adicionales son: falta de acceso a recursos (agua, alimentos, energía, trabajo, etc), desintegración de estructuras sociales, degradación del ambiente e incapacidad para protegerlo, falta de estructuras fuertes tanto nacionales como locales, falta de información y conocimiento, falta de conciencia de la población, limitado acceso a poder político y representación, entre otros. Es decir, la apuesta como país debería de enfocarse hacia la reducción de la vulnerabilidad y esto pasa por adoptar un modelo de desarrollo sostenible como lo proponen la ONU.
El registro de los desastres ocurridos en el país es un buen instrumento para el análisis y toma de decisiones y nos debería orientar sobre qué priorizar. Al menos dos fuentes de información me parecen de mucho interés para compartir con los lectores. La primera es la publicación reciente del MARN/SNET y el PNUD “Recopilación Histórica de los desastres en El Salvador 1900-2005”. La segunda, es la base de datos de desastres a nivel global desarrollada por CRED con apoyo de la Université Catholique de Louvain – Brussels – Belgium. Este centro con apoyo de USAID/OFDA (“Office of Foreign Disaster Assistance”) mantiene la base de datos mundial de desastres EM-DATA (“Emergency Event Database”). Esta base, para el año 2007, tenía 17,151 desastres registrados del mundo desde 1900 a 2007. La base de datos puede ser consultada en el sitio http://www.emdat.be/ . Para el caso de El Salvador, en la sección de perfil de país aparecen los 10 desastres más importantes del país ordenados por muertos:
Al revisar la historia de desastres del país, los que más daños han causado en número de muertos, daños a la infraestructura y pérdidas económicas son los debidos a la actividad sísmica (terremotos). En el documento “Reducing Disaster Risk: A Challenge for Development” (PNUD, 2004) se creó un modelo de regresión múltiple logarítmico usando la base de datos de CRED y utilizando 26 factores de vulnerabilidad. El modelo matemático resultante para terremotos determina que el factor de vulnerabilidad que más incide en el número de muertos es el crecimiento urbano que para el país se estima en un 0.07% anual (promedio en un periodo de tres años).
Según este modelo, para El Salvador el número promedio de terremotos por año es de 0.1, el número promedio de muertos al año para este tipo de eventos es de 53.33 y la exposición física promedio al año es de 1,272,919 habitantes. Los desastres por terremotos son a sí mismo los de mayor impacto económico, principalmente por la pérdida de infraestructura (viviendas). Según el Ministerio de Obras Publicas, durante los terremotos del 2001, 163,866 viviendas (11.68% del numero total de viviendas) colapsaron, y alrededor de 107,787 (7.68%) quedaron seriamente dañadas. En el país la UCA, UES, FUNDASAL y el VMVDU con el apoyo de JICA y el CENAPRED de México ejecutan, desde hace 5 años, el proyecto “Mejoramiento de la Tecnología para la Construcción y Difusión de la Vivienda Popular Sismo-resistente”. Los resultados obtenidos a la fecha se pueden consultar en el sitio www.taishin.org.
Es claro que la tarea por realizar en la reducción a desastres del país es grande, pero no imposible. Los esfuerzos deben ir en dos direcciones: (1) la investigación en ciencias de la tierra (principalmente en amenazas geológicas) y, (2) adoptar un modelo de desarrollo sostenible que trabaje en todos los factores de vulnerabilidad no solo en la vulnerabilidad física. Solamente de esta manera podremos bajar el estimado del PNUD de 103.52 muertos al año en nuestro país debido a terremotos, ciclones tropicales e inundaciones.
La vida se construye a base de ideas y sueños, pero es nuestro trabajo diario el que convierte ideales en realidades concretas. En este espacio no solo se presentan y describen los problemas del país en campos diversos sino que se proponen soluciones a los mismos.