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22 Feb 2009El escritor y el periodista se unieron para calumniar, difamar e insultar a uno de los ciudadanos más ejemplares de este país: el Padre Jon de Cortina ya fallecido. El P. Cortina no necesita que se le defienda, su vida académica, religiosa y su lucha a favor de los pobres y en contra de la injusticia ha quedado como legado y ejemplo de imitación para miles de salvadoreños. Escribo estos párrafos porque como ex alumno y compañero de trabajo del P. Cortina en la UCA me siento ofendido por las calumnias que se hacen a nuestro ilustre y querido compañero en la nota del día publicada el 19 de Febrero por el periódico El Diario de Hoy titulada “El cura Cortina reclutaba y los jóvenes no volvían”. También escribo porque creo que la libertad de expresión tiene sus límites en la ética y, porque este país necesita vivir en paz y en democracia con medios masivos pluralistas y modernos comprometidos con la verdad y el respeto a la persona humana. A ambos, escritor y periodista, los une el dicho popular de que “el hambre se juntó con las ganas de comer” con los matices que se exponen enseguida.
La mediocridad y la mentira los une a ambos. El primero se presenta como intelectual, haciendo referencia a libros, autores, a su historia de vida, etc, típico del ignorante y arrogante que deja aflorar su vanidad cuando puede y cuyo trabajo como guerrillero fue el de inflar las noticias y comunicados de guerra, como él mismo lo ha admitido en sus escritos y, ahora, hace exactamente lo mismo desde el lado de la extrema derecha escribiendo “paquines de cine” presentados como libros de rigor, cito dos ejemplos: las “entregas” sobre la vida del mayor D’Aubuisson y ahora los escritos sobre el guerrillero “Mayo” Sibrián. El segundo, cegado por su lucha contra el comunismo, ha querido persuadir toda la vida a nuestro país con mentiras y calumnias y esto lo ha hecho desde la posición cómoda que le otorga ser el dueño por herencia del medio de comunicación que dirige. Su fanatismo en contra del comunismo y su nerviosismo por el clima electoral lo llevan a atropellar a quien le da la gana.
Es aquí donde “el hambre y las ganas de comer se juntan”: el primero en su afán de ser reconocido como escritor, sin ningún escrúpulo, está dispuesto a escribir cualquier mentira para ganarse la vida (el hambre) y, el segundo, para ejercer su oficio de periodista necesita de las citas abundantes de otros para llenar su columna de opinión (las ganas de comer). El escritor y el periodista viven de la guerra. Estos personajes vivieron de la guerra y, ahora, siguen viviendo de ella. El primero recurre a su pasado oscuro de guerrillero, que supuestamente le da autoridad moral, escudriñando lo que puede e inventando historias para ganar credibilidad como escritor (el hambre), el otro al quedarse sin argumentos al terminar la guerra recurre a la contratación de ex guerrilleros convertidos en analistas políticos para que le cuenten historietas que le sirven de base para seguir luchando contra el comunismo que se derrumbó hace años y que él lo revive a diario en su columna de opinión (las ganas de comer).
Al final de cuentas ambos siguen viviendo de un pasado recreado a su medida y que les permite vivir de intrigas, de informaciones secretas, de desprestigiar al opositor y de inventar cualquier historia arropada en lo que llaman “periodismo investigativo”. Métodos muy propios de las agencias de inteligencia de la guerra fría y que ellos los han adoptado como el pan de cada día. No podemos esperar más de estos pobres salvadoreños, para los cuales la mentira y la injuria han sido siempre sus principios en su vida profesional. Lo más indignante es que no respetan la memoria de personas ya fallecidas como el P. Cortina y, que obviamente, no puede responderles directamente.
El escritor y el periodista se refugian en la libertad de expresión. A ellos nadie los detiene, la “libertad” en la que vivimos les permite desinformar a su antojo. La honestidad, la honradez, la búsqueda de la verdad y la ética están ausentes de sus vidas periodísticas y, por lo tanto, viven de la mentira y del engaño. Todo lo sucio que aprendieron de la guerra lo siguen aplicando en sus escritos y, lo peor, es que lo hacen cobijados en la falsa libertad de expresión que vive nuestro país.
Ya es tiempo que se hagan un examen de conciencia y de principios. No se puede esperar de ustedes un perdón o disculpa por los daños que han causado a la memoria del P. Cortina con esta publicación. Su arrogancia y el mundo de ficción en el que viven no les permiten que la humildad, sencillez y decencia crezca en su interior.
La vida se construye a base de ideas y sueños, pero es nuestro trabajo diario el que convierte ideales en realidades concretas. En este espacio no solo se presentan y describen los problemas del país en campos diversos sino que se proponen soluciones a los mismos.